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Chapitre 34 sur 41

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CAUPOLICÁN A Enrique Hernández Miyares. ES algo formidable que vió la vieja raza: robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido, cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón. Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, lancero de los bosques, Nenrod que todo caza, desjarretar un toro, o estrangular un león. Anduvo, anduvo, anduvo. Le vió la luz del día, le vió la tarde pálida, le vió la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán. «¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «Basta», e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.